Cruza en vuelo las cimas del cielo con tu mejor
sonrisa, con la paz que mereces. Ya no duele la materia, ya cesó tu sufrimiento.
No te suelto.
Mi alma está contigo, allá donde vayas.
Y te imagino contándome cómo es ese camino de
lirios y de ángeles, de puentes de amor y de bondades.
¡Cuánto para pintar en ese lienzo eterno…! ¡Cuánto
para descansar y ser feliz junto al Maestro!
Vivimos años de inmensa alegría, de charlas
trascendentales y de sueños sin límites. Teníamos la complicidad de esas amigas
que con sólo mirarse, ya se entendían. Ambas guardianas de nuestros niños,
ambas creativas, donde aquel cuadro tuyo de dos manos en actitud de rezo y mis
versos, se convirtió en nuestro mejor sello.
Te sigo llorando como cuando te lloré a solas
porque intuí que te ibas pero ahora te
sé serena y con luz de estrella.
Pudimos vernos con el corazón y abrazarnos un día
donde no existieron las coincidencias. ¡Qué paz nos dejó ese encuentro! Lo arregló
Dios para las dos. Con eso me quedo.
Nunca pensé que hallaría otra alma similar a la mía, al
quedar extasiada como yo, ante los paisajes celtas. Aunque, desde entonces y sin tu canción de lavandas,
no he vuelto a descifrar el mensaje ulterior del verde y de las rocas. Pero no
me quejo. Es así como se vive un gran amor en esta tierra: intenso en todos sus matices, vital y sensible
a la vez porque llora, conmovido, ante la trascendental belleza. Y es obsequio absoluto de los mismos dioses que precisa
ser bien resguardado de la envidia de los otros.
Ningún atardecer fue tan inmensamente rojo como aquel donde
se tocaron nuestras auras. Ni este mar que sigue azul y que me trae, sin cesar
y sin buscarlo, la pleamar constante de tus ojos.
Éramos, en nuestros caminos solos antes del todo, dos
espíritus celtas. Pero se potenció el resplandor plateado de las albas al
amarnos, al buscarnos como aves que únicamente pueden vivir la libertad, si en
esos vuelos nuestros, las alas van juntas.
Nos convertimos en aire, en lumbres de la noche cual
luciérnagas, al susurrarle al amor y revestirnos de un destello en
transparencias.
Tus abrazos nobles, tatuados aún hoy en mi piel para
cubrirme de amor yprotección frente a
los lobos. Caricias de fuego y agua. Tus manos como nidos de luz que sigo
amando. Misterio infinito en la fuente de nuestros labios. Delicias de silencios
recitados en el iris de las complicidades.
Dejamos pasos sobre la hierba de los sueños, buscando un
vértice en el tiempo que nos apartara del mundo para seguir creando con la
música del corazón, nuevas auroras. Tuvimos coraje en precipicios, en aludes
que hablaban de imposibles tras las oscuras lunas. Pero la fuerza del latir
hizo el milagro de avanzar en la profundidad y rescatar la esencia de sabernos
uno, en ese entonces sublime de
fragancias, en este ahora de probada valentía y en la eternidad.
Ya pueden marcharse los otoños y caer en lágrimas las hojas,
pero jamás perece la memoria del amar en el corazón, habiendo amado tanto.No sé ni quiero despedirte en mí porque
entonces, moriría también mi verso, morada de sal donde intacto está tu nombre.
He puesto mi tienda de campaña en una estrella. Es mi sitio
celta preferido para proseguir con mis ilusiones serenas y mis pasos de
esperanza. Desde allí, en oración de amor eterno, sigo celebrando la alegría de
tus latidos, aunque estén lejanos. Desde allí, intuyo tu voz de sauce azul y te bendigo.
—Ven, vamos a lo alto de esa sierra a contemplar cómo Dios
pinta los cielos—exclamó el alma
—Pero estoy algo cansada—expresé yo.
—La subida no es muy alta. Cuando menos te lo esperes, ya
estaremos en la cima.
—Está bien. Subamos…
Los rosáceos de la tarde comenzaron a hablarnos. Se
entremezclaban con el violeta. Volaban en ráfagas de luz los recuerdos.
—¿Dónde están aquellas palabrasque un día vistieron de sueños mis ojos?
Traían esperanza pero se esfumaron como estos mismos colores que tambiénperecerán.¡ Sublimes las metáforas del amor y
a su vez, cuántas espinas contiene!
—Eran hijas de un momento. Mariposas en el aire de un
susurro. Ecos de las flores— no su esencia— para alegrar tus primaveras. No
estaban destinadas a quedarse y a ser valientes, cuando el invierno de la
imperfección asomase para dejarnos desnudos frente a las mutuas sombras.
—Si es así, alma sabia, me despido de ellas. Prefiero estos
silencios.
—En la aparente mudez de los mismos, también existen las
palabras.
—¡Únicamente en ellas creo!
—Ahora mismo se van asomando. Pueblan la noche, luego de la
fugacidad de todos los instantes vividos que no supieron vocalizar lo eterno,
aquello más comprometido.
Palabras- luz que no llevan en sus manos el halago vacuo
sino el sentimiento más puro.
Palabras-faro que nos acompañan en todas nuestras travesías,
niña mía, sin defraudarnos.
Palabras que no van enamorando porque ellas mismas son el
Amor.
La escena transcurre en una ciudad en ruinas por
la guerra. Los dos personajes están a la intemperie e intentan dormir, pese a
los incesantes bombardeos.
Madre:
—Nos han dejado aislados y sin
alimento, mi pequeño. No hay una sola estrella en este firmamento de horror.
Así es la guerra, cruel y despiadada con los que nada hemos hecho.
Niño:
—¡Sí que las hay, mamá! Están danzando
ahora mismo. ¿No las sientes? Hasta me hacen cosquillas.
Madre:
—¿De qué hablas, mi dulce ángel? Mejor
duérmete en mi regazo. Son las alucinaciones por el hambre, el frío, el miedo. Escalofriante
desvarío del mundo que nos deja aislados. Somos olvido.
Niño:
—¿Cómo podría dormirme, sabiendo que
este momento es irrepetible? ¿De veras que no oyes las campanitas en el alma?
¡Dan ganas de cantar…!
( Los sonidos de las bombas se agudizan más y más)
Madre:
—¡Calla, mi niño, no sigas…me estás
asustando!
Niño:
—¿Mami?
Madre:
—Dime…
Niño:
—¿Te asusta el amor?
Madre:
—Pero: ¿de dónde sacas esas cosas…?
Niño:
—Porque es tu amor el que me salva, es
tu amor en forma de mil estrellas que besa mi corazón ymis sueños.Ya puede estar oscuro allí afuera, pero aquí, entre tus brazos, el iris
de Dios nos ilumina. Cantemos, mamá, cantemos hasta que sientas que la noche es
un capullo perfumado que nos envuelve y cobija. ¿Ya huele un poco a rosas, lo
ves? Rosas blancas, nacientes. Se abrirán cuando estemos dormidos…
Madre:
—Apenas tengofuerzas para llorar pero tus palabras me
emocionan, mi niño blanco.Siempre supe
desde que te tuve en el vientre, que ibas a ser especial, distinto a la mayoría
porque ese mismo aromaa rosas de las
que me hablas, lo llevo por ti y desde ti, en mis venas. Durmamos, envueltos
con el más hermoso abrigo de la ternura…
(Se produce
una explosión justo donde dormían, madre e hijo)
Acto II
Cambio de espacio: el Paraíso
Niño:
—¿Mami, estás ahí? ¡Se han abierto por
fin las rosas…ya podemos salir!
Madre:
—Aquí estoy, a tu lado, mi vida. Y todo
es fragancia y blancura, como me has dicho sabiamente. Y hay más amor para
los dos del que jamás habríamos imaginamos.
Una ráfaga de sabia coincidencia los acercó en medio de la
lluvia. Ambos llevaban la prisa del mundo en sus pies pero los detuvo el choque
de dos paraguas.
―Oh, lo siento- dijo ella. ¡Siempre ando despistada!
―Ha sido un descuido mutuo- contestó él con una sonrisa.
De repente, la ráfaga se volvió viento indomable y las manos
de ella soltaron sin querer el elegante paraguas.
―¡No! Era mi paraguas favorito― expresó con mucha pena. ¡Mira
cómo el viento lo destruye!
―Compartamos el mío―respondió él muy seguro.
―Bueno, gracias. Es hasta cruzar la calle…Luego me compraré
otro.
―Ya puedes comprarte cientos que se perderán cuando el
viento venza el pulso entre tus manos y él. ¿Por qué te afliges tanto?
―¡Porque es la primera vez que me sucede!
―Para mí también es
la primera vez.
―No te comprendo.
―La primera vez que
encuentro a alguien que le teme tanto a la lluvia…
―No es por la lluvia sino por la situación.
―Sucede que también construimos paraguas imaginarios aunque
no llueva. Es nuestra protección contra todo lo extraño que nos pasa. Pero lo
extraño en apariencia es lo verdaderamente mágico de la vida. Tú y yo, dos
desconocidos. Sin nombres y sin embargo, podemos elegir todos los nombres de
los árboles. Te llamaré Arce.
―Eres un tanto peculiar. Poeta o algo así. ¿De dónde has
salido?
―Del mundo que tú misma has soñado.
―Te confesaré algo: hace días tuve un sueño con un poema de
John Keats y es probable que tú seas el
ruiseñor.
―¿Lo ves? Nada es por azar.
―Tienes razón. El sonido de tus palabras es un canto
perenne.
―Arce y ruiseñor. Hermoso poema para un comienzo.
―Y la lluvia que ha hecho a nuestros ojos, también hablar.
En plegaria de estrellas transmutaré toda inquietud. Vuelo hacia el mensaje de la Luz, liviandad de lo sagrado. Y cada huella de sal vertida en el útero del tiempo será crisol, flor viva en los desiertos, cántico de gratitud. El ahora es altar de amaneceres. A lo lejos, los ecos del amor. Notas que se despertarán un día como ramos de gozo siendo: una sola voz, un sólo respirar de ángeles en los jardines de la eternidad. Todos los derechos reservados.
Parecía un ser celeste, con manos delicadas armando un ramo
de flores silvestres. Sentada bajo la sombra de un fresno, entonaba melodías
que jamás había escuchado, anteriormente.
—Disculpe, señora: ¿ el camino a la felicidad es por aquí?
No sé, creo que ando un poco perdida . ¡Son tantos que no sé cuál escoger!
—El camino a la felicidad son tus propias elecciones. Te
ayuda a hallarlo tu guía —dijo la dulce anciana.
—¡No tengo ningún guía ni mapas ni brújula—expresé
sorprendida.
—Sí lo tienes. Escúchalo al atardecer. Está dentro de ti.
—Bueno, no entiendo mucho pero gracias de todas maneras. Por
cierto, esa canción que estaba cantando antes me parece preciosa.
—Ah, ésa…! Sí es mi canción particular de la felicidad.
También tú encontrarás la tuya.
—Eso espero. Gracias. Me pondré en marcha.
—¡Suerte!
¡Por dónde empezar, Dios mío…! Tomaré el de la derecha.
Los colores son melancólicos. Árboles y flores del mismo
tono violáceo. Bello pero me duele una parte del alma al transitarlo. Se oyen
riachuelos a lo lejos. Son lágrimas, lo intuyo. De las ramas de un sauce
cuelgan versos mustios, palabras que suenan huecas. Fueron falsas promesas,
fueron besos ahora muertos. No prosigo este camino. Cae la tarde. Sí, ahora lo
escucho a mi guía. Me ayuda a detener mis pasos.
Amanecer. Nuevo sendero. Colores vivos. Juegan niños alrededor
de una gran piedra. Es cuarzo rosa. ¡Me atrae esa luz!. Crecen margaritas bajo
mis pies. No es un sueño, no es quimera. Es inicio como la canción de Secret
Garden “Song for a New beginning”. Mi
melodía de la felicidad al fin encontrada que ya no suelto.
El sol se recuesta sobre las altas montañas. Acampo en este
valle de eterna primavera.
Haré un fuego y con mi maestro interior miraremos las
estrellas. ¡Hay tanto de qué conversar…!
La felicidad se siente como paz. No tiene artificios. Es
callada cuando es real. Permanece si hay quietud en los adentros, lejos de las
altas mareas donde los sentimientos del
ayer, se ahogaban en lamentos. Es consciencia de lo que se es, amando cada
partícula imperfecta. Es sonrisa que se hace una con el viento. No depende de
nada ni de nadie sino de uno mismo.
Una soledad puede ser feliz si es creativa, si medita para
luego abrirse a los demás. El amor también está ahí.
Felicidad es este instante. El ahora que me muestra todo lo que recorrí para llegar hasta aquí.
Gratitud para seguir abriendo caminos, desde esta
elección del nuevo presente. Todos los derechos reservados
Se nos dio la capacidad de amar y hemos conjugado los verbos
odiar, dominar, matar.
Se nos dio un planeta de belleza indescriptible pero
dominaron nuestras propias leyes frente al curso natural. Exterminio de
especies, contaminación, quiebra del sistema ecológico.
Se nos dio la capacidad del habla pero impusimos los idiomas
como señal de conquista.
Pluralidad de razas, etnias y culturas pero no respetamos
sus identidades.
Hemos creado las dicotomías de norte- sur, arios-semitas y
lo único que nos ha llevado todo este horror de aniquilarnos y separarnos como unidad es a
deshumanizarnos.
Nos hemos preguntado de modo individual sobre lo trascendente y bajo
la bandera de las religiones nació la barbarie. Acciones opuestas al mensaje divino que nos
vino a hablar sobre el Amor. Lo contaminamos todo cuando vence la agresividad,
la vanagloria, la oscuridad.
Hemos perdido el rumbo, no sabemos convivir con nuestros
iguales.
¿ Dónde está el valor a la vida y su dignidad, el respeto
por el libre existir del otro?
No quiero acostumbrarme a escuchar estadísticas de muertos,
no quiero insensibilizarme ante el horror de ver a un mundo sin alma.
Y no quiero callar este estado de impotencia, de tristeza
profunda por nuestra trayectoria, -esa pisada del Homo Sapiens sobre las cosas-,
donde precisamente en pos del progreso, dejamos que el corazón se hiele y el pensamiento
genere sólo confusión.
Poco avanzaremos si el compromiso que tenemos, cada uno: con
el entorno, la sociedad, la familia; con el amor, con la paz, con las ideas de
justicia y bien, no se manifiestan en los hechos diarios. Poco avanzaremos si elegimos
vivir separados como humanidad porque el
aislamiento- desinterés egoísta por comodidad- sólo traerá ceguera de
alma, destrucción y más decadencia.
Sueño multitudes donde me hablan en diferentes lenguas y yo
las entiendo.
No he podido dominarlas todas porque Islandia está demasiado
lejana y el origen de las kenningar sólo lo leí
en los libros de Borges. Pero cuando veo el cielo de mi isla, encuentro
el sentido profundo de aquel “ camino de
las gaviotas”.
Entre nubes y sonidos oníricos, crecen juntos en balcones
abiertos los claveles rojos y los
tulipanes y se saludan en japonés las palomas de la plaza de Moscú. Los
pescadores de toda la costa americana, de norte a sur, regalan peces al mundo de las sedas y también
del hambre. Todo el Ganges lo agradece y ahora es azul.
Remontan cometas de alegría las tribus multicolores de
África para crear soles en los glaciares de Groenlandia. Un tango dialoga con
un fado y hastiados de melancolía deciden tocar un vals en Austria. Los
pintores de Montmartre los retratan.
Y todo es paz en el lenguaje del amor, sin diferencias. La palabra unida al corazón y el
corazón unido al gesto. En Roma, un Peregrino con las sandalias de Jesús abre
las puertas del alma.
¡No quiero despertar! El sueño es tan real como la sed de
ver a un mundo justo y sin metrallas.
Antes de sentir en mis ojos la tibieza del amanecer, antes que el estruendo de más guerras sacudan mis entrañas, aprenderé a comunicarme
con ellos, a ser escucha, pan y tienda. Y me despertaré libre de todo prejuicio y más
humana, siendo flor del aire.
Somos tormenta de fuego y otras tantas de hielo, cuando
dejamos que el barro de nuestra imperfección altere la voz traslúcida del
silencio.
Un candil es luz para sí mismo. ¿Por qué, entonces, quemar
bosques por la ilusión de ser dominante lumbre?
La calma de los hielos no es frialdad. ¿Por qué, entonces,
hacer naufragar a las otras barcas con la gélida indiferencia a causa de algún lejano
sufrimiento?
Mejor es ser solamente viento. Inspirar vida y exhalar paz.
Con alas de libertad y sin anclas en el mar de los apegos.
Romeros, peregrinos, descalzos de historia.
Ser brisas de amor para un mundo que sólo escucha al miedo.
Sólo notas del aire sin yoes henchidos, que viajan a las
cumbres del infinito.