sábado, diciembre 08, 2012

Aleteo en el ojo del reino onírico






Nudos sabios de los árboles

donde el mito celta fue escondido.

¡Llevadme, hojas de meta, al hechizo del sosiego!



Quiero levitar entre las ramas

de un cielo renacido de zafiros;

aletear como trébol mágico

en el ojo del reino onírico.



Posarme en el espejo

de una gota de lluvia,

escuchando su latido.



Y creer que un hada de luz

contiene en sus manos,

por un segundo al mundo.



Y despertar amando

lo Uno hasta reconciliarme:

contigo y el pasado,

contigo y el presente,

contigo y todos mis equívocos.







viernes, diciembre 07, 2012

Milagro en Navidad

Su vida era demasiado cómoda. Jamás había vivido una preocupación importante pero de igual modo se quejaba.

No aceptaba el paso de los años- aunque tenía todas las primaveras- y  la insatisfacción así creció dentro de ella. Rodeada de amor, era incapaz de verlo y mucho menos de darlo. Pero algo cambió substancialmente en su corazón porque necesitaba esa prueba.

Reunió a sus hijos pequeños para armar el portal de Belén y cantando villancicos, cada uno fue colocando las figuras que por cierto, eran de colección. Pero ella no les miraba a los ojos, tan llenos de emotividad y de alegría. Había ejercitado el arte de ignorar lo esencial.

Como era muy perfeccionista, revisó luego cada detalle de los arreglos navideños  en la mesa de invitados. Bañó y vistió a sus hijos y posteriormente dedicó  un tiempo largo a su persona.

Marta no podía pasar por alto ningún error en su vida almidonada, ficticia, vacía. Si había algo fuera de lugar la desconcertaba hasta perder todos los nervios. Su marido que la amaba, le tenía mucha paciencia.

Llegaron los familiares y se dispusieron a cenar. De pronto sonó el timbre.
Marta se levantó y fue a la puerta. Una mujer de aspecto descuidado y mucha tristeza le pidió si le podía dar algo para comer. Vivía en el banco de una plaza. Era la loca de las palomas, como la llamaban algunos despiadados. Había en su mirada una luz que Marta jamás había visto antes. Incómoda de la situación, le cerró temporalmente la puerta dejándola en el frio del invierno y e improvisó una bolsa con alimentos para darle. Mientras tanto, miraba a los comensales y sentía vergüenza de interrumpir así la velada de Navidad.

-¡Gracias, señora! Les deseo que Jesús nazca hoy en esta casa, dijo la mujer.
-Bien, de nada y suerte, dijo con frialdad Marta cerrando la puerta.

Volvió a la mesa y a seguir con el festejo, sin embargo algo la inquietaba. Comenzó a tener frío y no cesaba de mirar por la ventana. Allí a lo lejos se divisaba la plaza e iluminado de forma especial un banco vacío la llamaba. Sin dudarlo, se abrigó y salió a buscarla. Le ofreció que fuera a su casa, a disfrutar  del calor de una chimenea, a tener la ocasión de vivir una noche de Navidad diferente. La mujer de las palomas aceptó encantada. 

Marta sintió por fin que su alma se llenaba de amor. Y lloró. La plaza era bellísima con el reflejo de las luces de todas las casas alrededor. Y las palomas simbolizaron  las plegarias que ella jamás supo regalar a Dios. 

En aquel portal de figuras renacentistas, ahora como hogar,  el Niño había sido acogido finalmente para nacer.



Candil de amor



Miró a la tierra, atónita. Aún quedaban algunas grietas para arar bien el presente. Se arqueó sobre su propia tristeza de saberse pluma en el reino de la fortaleza. Y lloró, lloró tanto que nubló al sol de las cercanas delicias.
Desde la rompiente de sus ojos brotó un diálogo con Dios:

Padre,
guíame hasta entender esta fuente de amor
que nos habita.
Inabarcable, única, magnífica
que nace de Ti,
- traslación de tu Ser a mi vida y a su vida-
aunque el agua que nos bendice
nunca llegue a fundir las dos orillas.
Divino designio que no cuestionaré.

Dame el valor para aceptar cada silencio
que no es más que el suspiro encadenado
a un sino que a los dos nos atraviesa.
Y seguir con alas de golondrina
en la ilusión de un encuentro sin adioses
que derribe los muros de estos siglos
sin su abrigo.

¿Será quizás que tengo que anidar en estos pasos
solitarios de magnolias, una voz con encaje de infinito
que sea eco de su estrella para el himno triunfal
de nuestros abrazos sin materia?

Mientras me queden versos de gorriones
en las palmas de mis manos y le lleven
a su alma primaveras de caricias,
esta vida mía será homenaje al amor
que traspasó los umbrales del tiempo
y las tribulaciones.

Finitud convertida en pureza donde enlazarás,
Padre de bondad,
un arpa en dos latidos que supieron esperarse
en tu eternidad.


En la arboleda humilde, entre la reflexión y su pena, se iluminó una forma que la alzó entre sus brazos.
Luz.
Candil de amor.
Esperanza.




domingo, diciembre 02, 2012

Un lamento...





Era la nada antes del todo, pero era un todo despedido.
Sin presencias, ya no podría subyugarme nuevamente tu voz. Canto incesante de mis olas, cuya espuma ahora reabre una herida.

En las lunas que reflejaron un cielo apagado y lastimero, tú no estabas. Ni estaban los luceros, ni los acordes de tus besos y tu halago.

Lamí en soledad las heridas del invierno, alisé con mi aullido la noche sin fragancias. Hice crecer la rosa de todos los silencios para reafirmarme en las tormentas.
Me quedaban fuerzas para asir los mares y esparcir las alas de los sueños.
Pero llegaste a mi playa aún serena y se fueron las estrellas. Se fue el aire que hilé heroicamente para respirarme a solas.

¿Qué hago ahora, si de tanto amarte y olvidar que fuiste faro, me recuerdas con tu brisa repentina que sigo siendo una barca amarrada a tu latido?

¡No se aviva un recuerdo de amor para dejarlo morir!

Iza tus velas, marinero, que llora el agua este lamento viéndote partir.



sábado, diciembre 01, 2012

Amanecer







Silencio divino del alba. Gestación del amor.
Claro anochecer aún entre las flores semidormidas.
El viento abanica la esperanza en los trigales.
Mansedumbre del mar.
Aves sin cadenas.
Paz en el iris humano.
Campanas del Ángelus.
Parto de Luz.
Gloria del día.
Sol.



miércoles, noviembre 28, 2012

Rosal de gratitudes










En el laberinto de la quietud, una verdad  diáfana se esconde.

Y el mar me envolvió con mil preguntas:
 -¿No te animas a ayunar? No temas, estás lista. Porque ya has llorado lo suficiente para un escalón más en la conciencia de ti misma.
Y ayuné durante tres días.
Horas sin pan donde escribí en mi corazón sobre un rosal multicolor de gratitudes.

Las rosas blancas son mis hijos, mis raíces, mi familia. Mi credo y mi coherencia. El latir de pureza en la incondicionalidad del amor que nada espera.

Las rosas púrpuras, la pasión vivida. También lo fueron las lágrimas sangrantes de los ya lejanos adioses. El carácter asertivo de arquera , venciendo a los bosques oscuros y a los lobos. La valentía para sobrevivir a las tormentas donde el rayo intenta  calcinar las soledades.

Las rosas azules, la inspiración y la sensibilidad. Himno constante a la creación, al ser humano y su dignidad. Levedad del ser que olvida el nombre. Mi meditar en la musicalidad de las estrellas.

Las rosas amarillas, la alegría bañando las sonrisas. Pese a todo, por encima de todo. El lado lúdico para ver la vida con ojos de niña. El soñar.

Pero nada es mío ni siquiera la felicidad efímera. Sólo el asentamiento de una verdad que echa raíces: conocerme hasta ver que por ínfimos o variados matices, mi existencialidad y la de todos es la misma. Porque en cada vida se alberga un especialísimo y único rosal de gratitudes a la espera de ser escrito en un corazón. 

Y os aseguro que al mirar lo que se tiene como regalo: sea amor, amigos, creencias, techo, pan, trabajo, salud, talentos…el iris del alma se expande. ¡Hay tanto para celebrar!
 Es una puerta a la evolución personal y colectiva.