Tal vez sea
el amor el viaje más alucinante por tierras amadas. Acantilados, ríos, dunas en el latir son firmamentos.
Tal vez sea el amor el estado hipnótico más duradero donde se pierde el nombre y la razón, levitando sobre el mar de las
caricias.
Quizás sea el amor el vocablo menos definible en el intento vano por definir cuando el beso tímido al alba, se despereza y en la noche, atrevido, se
desvela para dejar huella y pasión.
Cuando los ojos de hechizo caminan por sendas reverdecidas y en el iris del otro se anidan cincelando una poesía.,
Tal vez nunca alcance a versarlo en la magnitud de sus secretos pero su paso, eterno en el
instante, deja impronta y no se olvida.
¡Oh, metáfora sublime que en la aurora del verso, dejas tus luces diamantinas sobre la piel sonora del agua!
Con acuarelas y sedas revistes de gallardía y señorío los prados y los mares de la sensible palabra.
El amor pletórico, sediento, luminoso, embriagador, encuentra en tu matriz su nido.
Mágica es tu figura de sempiternos arpegios, creando sinfonías con los pétalos de la paz que el viento esparce -sutilmente- en la danza de los silencios.
Durante
décadas seguí el camino de las palabras melancólicas. Lo que obtuve
fueron pasos abatidos y tristes, sin escuchar ese daño autoimpuesto
como daga a mi corazón.
Luego
vinieron los interminables caminos de adioses y nostalgias. Allí la voz
de mi alma casi perece, enredada en una maleza de recuerdos que quise
perpetuar, más allá del evidente olvido.
Por
milagro a la palabra amor que engendra más amor al pronunciarla, hallé
arcoíris de sabiduría en el verdor de los caminos. Flores, bosques,
abrazos, perdones que forman parte del pulso de Dios donde mi alma con
ellos está unida.
Brota
temblorosa la lágrima y llora empecinada, a solas, cuando el cristal de
las emociones no refleja gratitudes a cada una de las experiencias de
vida. Se llora la queja de lo que pudo haber sido y no fue. Es un llanto
que se enclaustra a sí mismo.
Si
el impulso por escribir me lleva a crear nuevamente bosquejos violáceos
de tristeza, dejaré la pluma hasta que la inspiración retorne al
paisaje de la elocuencia humilde. Me tome el tiempo que me tome para
lograrlo. Cierro las puertas de todos los pesares y renazco con el alba
de las transformaciones internas.
Un mantra nuevo surge, después de haber comprendido el significado ulterior del sufrimiento en mí:
*Que
mis palabras se vistan de la fortaleza y el coraje de los tigres. Que
fluyan como manantiales de profunda alegría, la de sentirme arropada y
bendecida por el universo. No existe la soledad cuando los otros son
parte de nosotros mismos y nosotros de ellos. Humanidad es común unión,
no escisión.
*No
quiero el verbo que se nutrió del humus del ego para expresar
lamentaciones sino un verbo que se haga místico con la sola
contemplación de la felicidad posible. Dicha felicidad es celebrar la
vida en cada una de las estaciones del espíritu: asombro, confianza,
empatía y gratitud. El sol que reina en cada una de ellas es el eterno
Amor.
Dedicado a un
valiente ser humano que me honró con su Amistad azul, la que custodiaré por siglos.
Te trajo la luna para que te sientes a mi lado en esta
escuela de la vida que compartimos, mi compi y amigo. La Maestra-Realidad nos
regaña por rebeldes, pero nuestra rebeldía se llama sensibilidad con toques
ciertamente de desafío.
Pero estoy aprendiendo contigo a ver las cosas sin
dramatismos. Por tanto, tu fortaleza como verás, me asombra, me hace admirarte
y me escuece a la vez porque en las tareas que te exigen aprobar, hay una
intensidad superlativa con respecto al sufrimiento que es muy injusta. ¡A mí
me suspenderían con el primer ejercicio!
¿Puedes advertir mi pequeñez cuando soy testigo de
tus desvelos al preparar tantos exámenes de vida y los vas superando con
entereza, mientras que yo, llorando, me quedo bloqueada ante la primera
dificultad? ¡Vaya cobardía la mía!
Intercambiamos nuestros lápices, cuando en los tiempos
libres decidimos pintar mundos de chocolate, huyendo juntos despacito de esta
aula cerrada, aparentemente cuerda, tremendamente aburrida y lógica. Evadirnos
para recuperar los suspiros y los sueños porque estos mapas de realidad con
rejas, no conducen a ningún paraíso. Y necesitamos crearlos, mi Compi, para no
caer en la locura de no querer jamás, vivirlos. Paraísos de sensaciones
transparentes, de mares inconfundiblemente serenos, de voces fundidas en un
verso, de ternuras recuperadas por las sonrisas de nuestros niños interiores.
Paraísos con derecho a fundarlos para que habiten nuestros pensamientos y
latidos más bellos. ¡Metáforas aún sin escribir nos esperan, para dar rienda
suelta al elixir que vendrá de las albas inspiradas!
Sí, mi Compi, siento felicidad, gratitud porque te
hayan sentado a mi lado. Y me gusta hacerte reír, delirar juntos y que la
Maestra- Realidad se sienta desbordada- se vuelve fea cuando frunce el ceño-
con nuestras osadías.
¡No nos gusta la sumisión!
Pero ambos sabemos que tenemos que pasar por esta
escuela, nos guste a veces y otras tantas la detestemos para evolucionar. Con
tu mano enlazada a la mía, no tengo ningún miedo.
Y si desencarnamos a destiempo, que sepas que te
buscaré mi Compi querido, para ir deprisa a sentarme a tu lado y continuar
aprendiendo nuevas materias. Esta vez, sé que no serán dolorosas como las de la
escuela de la Tierra. Aprenderemos a comunicarnos sin palabras y la telepatía
podrá crear abrazos más intensos que éstos de piel tan limitada.
¿Oh, te imaginas qué gozo será el dejar de llorar, por
fin? Algo más quiero decirte: en algún rincón de esta clase
donde suena un río, he escondido un Te Quiero para ti. Búscalo. Y nada libre en
él.