sábado, agosto 01, 2020

Mi niña de azules trinos



 

A mi amada hija Ximena

Mi acordeón de amapolas
y bosques de eucaliptus,
de tangos tallados
en mi latir de lontananza
se va contigo:
mi niña de azules trinos.

Para cuidarte
en tu vuelo de lucero,
deja para mí un azahar de cariño
que se deshoje en tus caminos.
Mi corazón reunirá los pétalos
— tus besos que acercan los alisios —
y así podré crear, para las dos,
un puente de primavera.
Cenit de dos almas
cuyo  amor pinta los cielos.

Hay secretos que te aguardan
en el silencio de los Andes,
en las laderas coloridas
de Humahuaca,
en las hojas exuberantes de la selva.
Búscalos,
—¡mi amada niña de azules trinos! —
 con ojos de calandria.
Así tu canto fecundo
unirá dos increíbles mundos.

 Como yo lo hice hace tiempo
al adentrarme, absorta,
en la danza de estas aguas
y en el hablar de los riscos.

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